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quarta-feira, 25 de março de 2026

Las raíces negras de la música argentina -TELESUR

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«Mostramos que sí hay negros en Argentina, aunque nos quisieron negar», cuenta María Elena Lamadrid, testimonio vivo de la cultura Afroargentina. Foto: Nicolás Hernández


5 de octubre de 2025 Hora: 16:16


Con sus 91 años, María Elena Lamadrid, máxima referente de la música afroargentina, lleva una vida reivindicando a través del canto y el baile el legado de sus antepasados esclavizados. En esta nota deja atrás el mito de la «Argentina blanca» recordando que los negros también construyeron al país.

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María Elena Lamadrid (Buenos Aires, 1934) pasó gran parte de su vida escuchando que “en Argentina no hay negros”; sin embargo, nunca llegó al absurdo de dudar de su propia existencia. Muy por el contrario, María Elena dedicó sus años a presentar en distintos escenarios los bailes y los cantos de tambores aprendidos de sus mayores, demostrando no solo que hubo y hay negros argentinos, sino que también fueron parte fundamental en las luchas por la independencia del país y en la construcción de aspectos fundamentales de la cultura y la identidad nacional como son el Tango, la Milonga y el Candombe. 

En el último tiempo, con el apoyo de antropólogos y musicólogos como Norberto Pablo Cirio o Augusto Guarnieri, María Elena Lamadrid cumplió algunos pasos importantes en este proceso de reparación histórica para con sus antepasados, los llamados “afro-argentinos del tronco colonial”, quienes llegaron al actual territorio argentino como esclavos en los años de la dominación española. En 2023 María Elena pudo hacer sonar los tambores afro-porteños en las prestigiosas salas del Teatro Colón de Buenos Aires y en 2024 encabezó una serie de conciertos en el importante Centro Cultural Kirchner

A fines de ese mismo año, a sus 90 años, la  cantante, bailarina y compositora finalizó la grabación de su primer álbum musical: “Afroargentina”, disponible para su escucha en Spotify y otras tiendas digitales. El material está integrado por tangos, rumbas, boleros y candombes afro-porteños de tradición oral.  

“Yo nunca canté, siempre bailé” aclara María Elena, quien trabajó durante 9 años con el conocido cantor de tangos Alberto Castillo“Grabando “Afroargentina” pasé el mejor momento de mi vida. Cada tema del disco tiene su importancia, no está por azar. El primer tema que canto a capella [Taro y Señora Santana], era un tema que me cantaba mi abuela a mí para hacerme dormir… son recuerdos de mi infancia, de mi niñez (…) Sentí compañía y amor para hacer el disco… no tengo palabras para decir lo agradecida que estoy”.

Entrevistamos por primera vez a María Elena en noviembre de 2024, días antes de la primera de sus presentaciones en el Centro Cultural Kirchner. La nota tuvo lugar en Paso del Rey, una localidad del conurbano bonaerense cercana a Merlo, región en donde vive la mayor cantidad de afro-porteños del tronco colonial.

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María Elena Lamadrid baila durante la presentación de la asociación afroargentina de la que es parte, Misibamba, en el Centro Cultural Kirchner (CCK), el pasadol 23 de noviembre de 2024. Ese día, la cantante y bailarina presentó su último álbum, Afroargentina. Foto: Nicolás Hernández

-¿Usted hace muchos años que vive aquí? 

-Sí. Yo nací en Flores [Ciudad de Buenos Aires] y a los 22 años me vine para Merlo. Yo soy quinta generación de esclavos. Mis antepasados se ve que fueron esclavos del General Araoz de Lamadrid (…) Todos los negros que estamos acá en Argentina, todos los negros que no son migrantes, todos venimos de ser esclavos, nuestros antepasados fueron esclavos.

Sin embargo, circula mucho ese discurso de que en la Argentina no hay negros…

-No quieren comprender ni entender que aquí hubo esclavos negros. La mayoría de los apellidos de los Afro son nombres de esclavistas, apellidos de esclavistas, porque cuando los trajeron de África los vendían, le revisaban los dientes, los ponían con grilletes y con bozal para que no se transmitieran los idiomas, aunque en realidad venían de diferentes tribus. Eso lo hacían para que no hubiera rebelión y bueno, después los compraban los que tenían plata…

Acá estuvieron los Aborígenes y los Afro. Los Aborígenes también lucharon por este país. Pero tampoco se dice. Por qué quisieron ocultar todo eso no sé; no sé por qué quieren hacer un país de europeos nada más, decir que vinieron de España, de Italia. Está bien que vinieron, pero después que se liberó este país, que se pudiera sacar a los ingleses y a los españoles, que eran los que dominaban el país. Por eso lucharon San Martín, Belgrano y muchos otros. Mirá vos cuanta cosa sin conocerse, no por racismo, sino por desconocimiento. Ahora mostramos que sí hay negros en Argentina, aunque nos quisieron negar.

-¿Y eso se charlaba en la mesa cuando usted era chica? ¿Se hablaba de racismo?

-No. Mis abuelos nunca sufrieron por ser negros, al menos a mí me transmitieron una entereza muy linda. Que era igual que todos, que había que respetar al otro. Y muchas veces [algunas personas] pasaban y te tocaban la cabeza para que le dieras suerte. Y bueno, a mí mis abuelos me enseñaron “mira, lo hace porque no sabe, te toca la cabeza una vez le explicás, pero dos veces no te la toca.” Hay que tener el respeto hacia el otro, porque sí hace esas cosas es porque no sabe. 

***

María Elena Lamadrid aprendió el Candombe desde muy niña en el caserón en el que vivía con su familia afro-porteña en el barrio de Flores, en Argerich al 350, donde funcionaba el salón “La Armonía”. En ese lugar, se organizaban bailes una vez por mes. En esas ocasiones sonaban tangos de la guardia vieja, folklore o música de la época; sin embargo, el Candombe se tocaba y se bailaba puertas para adentro.

“No se tocaba candombe en los bailes” deja en claro María, aunque también señala como excepción los encuentros en la Casa Suiza de Rodriguez Peña al 254, donde se bailaba con tambores en el subsuelo. “El candombe únicamente era en las reuniones. Antes la familia se reunía. No tenían día para reunirse, charlaban y decían ‘Bueno, hoy nos reunimos para estar en familia’. En mi casa eran como sesenta. Y bueno, almorzábamos y después que se almorzaba, se corría la mesa, entraban cuatro, cinco o seis tambores, los que hubiera. Ahí yo aprendí el Candombe, yo tendría diez años cuando aprendí el Candombe.”

Podemos imaginar al escenario de esas reuniones como una de esas típicas casas antiguas con un gran patio en el centro y todas las piezas alrededor. María Elena recuerda que en esos almuerzos  se comía asado, empanadas o “minestrón” (un guiso de porotos y mondongo) y de postre “ollitas” que eran como pastelitos con fruta cortada. Ya en la sobremesa  “se salía en pareja a bailar”.

“Cuando terminaba una pareja aplaudíamos y salía otra. En mi casa no se bailaba en rondas, estábamos parados todos”.  María también cuenta que la falta de tambores no era excusa para no tocar Candombe: “Alguien agarraba una botella y un cuchillo y le daban con la botella y el cuchillo, con lo que venía, con las ollas y así quedaban abolladas las ollas de la abuela. Era una cosa de familia.”

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Foto: Nicolás Hernández

-¿Qué significa para usted el Candombe?

-Es parte de mi vida, de mis sentimientos, de mi familia, de mis abuelos, de los esclavos. Todo ese “para atrás” que hubo, yo lo llevo. No sé. Siento los tambores. Cuando me digo “no, yo no voy a bailar porque ya tengo edad”, no puedo no bailar, aunque sea un poquito bailo, ¡los tambores me pueden!

-¿Su abuelo era músico?

Tamborero. También teníamos un abuelo, al que le decíamos abuelo, pero era un migrante que había venido de África y que como era mayor le decíamos abuelo. Y él cantaba los Candombes africanos. Los Candombes africanos que canto me los enseño él. El primer Candombe que quería que siempre cantara era Misibamba, por eso cuando funde la Asociación [que se propone la difusión de la historia de los Afroargentinos] en memoria de él le puse Misibamba. ¡Y no sabes el abuelo como cantaba y como tocaba! En casa se tocaba Candombe, pero él agarraba el tambor y parece que lo hacía hablar por el ritmo que le daba. Nosotros nos sentábamos en el suelo y mirábamos como bailaban todos y después que bailaban todos, nos dejaban salir a nosotros y bailábamos. 

-¿Y qué significa para usted poder hacer esta música de los ancestros de su familia en los escenarios? 

-Nunca pensé que iba a pasar esto, porque yo los Candombes  me los guardé siempre y yo pensaba que eran para mí, hacía los mandados y cantaba. Y cuando me encuentro con [el antropólogo] Pablo Cirio que andaba por todas las casas me dice “María Helena esos Candombes lo tenemos que dar a conocer”. Yo le decía que no, que yo lo canto para mí, para acordarme de mis abuelos, de mi vida, de mi infancia… pero bueno, lo hicimos y seguimos. (…) Yo canto los Candombes  y me acuerdo de mi infancia, son cosas que te agarras fuerte porque te pertenecen.

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Foto: Nicolás Hernández

-Incluso acá en Argentina es más conocido el Candombe uruguayo. ¿Qué diferencia hay entre el Candombe porteño y el montevideano? 

En Brasil y en Uruguay dejaron más negros, tocan Candombe uruguayo, cada país lo toca a su manera. El Candombe uruguayo es con palo y nosotros con la mano. El sonido es distinto, ellos lo tocan muy como si fuera compacto. Incluso salen comparsas. Nosotros lo tocamos como viene. La milonga viene del candombe. Lo tocamos en un ritmo más acentuado y más parecido a la milonga que se acopló cuando estaba el Candombe y salió la Milonga y salió el Tango. Es que la Milonga y el Tango salieron del Candombe. 

-¿Y cuál es su sueño? ¿Cree que ya se cumplió? 

-No, nunca. Para mí los sueños nunca se terminan. Lo que yo quiero es trasmitirlo a otro para que sigan. Nosotros trabajamos para que todo eso que pasó con nuestros antepasados se visibilice. 

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